Un viaje sonoro por la intimidad y la memoria de Jorge Fandermole

Un viaje sonoro por la intimidad y la memoria de Jorge Fandermole


Jorge Fandermole vuelve a publicar un disco después de once años, pero habla de Tiempo y lugar como si se tratara, más que de una novedad discográfica, de un proceso extendido en el tiempo: de una deriva creativa que fue encontrando sus formas a medida que la vida, la propia y la colectiva, también iba cambiando. El cantautor rosarino, uno de los nombres fundamentales de la canción argentina, compuso las 12 piezas del álbum en distintos momentos de la última década. Algunas nacieron en 2014, otras aparecieron en plena crisis pandémica y las más recientes terminan de delinear un repertorio que él mismo define como “austero”, sostenido apenas por su voz, su guitarra y el acompañamiento sutil de Fernando Silva en bajo o violoncello.

Ese despojamiento no es un capricho estético, sino una consecuencia natural de un contexto que reconfiguró la manera de hacer música. Lejos de forzar una forma que ya no le respondía, la de la banda, volvió al origen: el trabajo como solista, la intimidad del instrumento y la palabra.

“Hay canciones que ya estaban hechas en 2014 y otras que son muy recientes. Incluso algunas ya las venía cantando en vivo”. Aun cuando hoy la escucha digital borronea la idea de disco como unidad, Fandermole decidió sostener esa tradición: “Lo armé al modo clásico, pensando en doce canciones que tuvieran sentido juntas”.

Jorge Fandermole tapa disco

Muchos de los temas dialogan con este clima de época marcado por el desasosiego. Fandermole lo piensa con cautela: “Tengo la sensación de que los lenguajes artísticos se van quedando atrás en relación al grado de crisis. El arte siempre reacciona a las relaciones entre el individuo y la comunidad. Me da la sensación de que, por lo menos la gente de mi generación y yo, particularmente, no le terminamos de encontrar la vuelta a los lenguajes artísticos en relación a la profunda crisis que estamos viviendo a nivel local, regional y planetario”.

Para el rosarino de 70 años, las canciones pueden dar testimonio de una época. “Algunas de las expresiones artísticas, la canción en particular, de alguna manera, lo quiera uno o no lo quiera, son testimoniales. Aunque se trate de cuestiones muy íntimas, resuenan en relación al entorno. Pero la sensación es que nos vamos quedando muy rezagados en ese sentido”.

Fandermole y el medio ambiente

Fander, como muchos lo llaman cariñosamente, siempre se mostró comprometido con el medio ambiente y en particular con la defensa del río Paraná, amenazado ahora por el proyecto de Hidrovía. Hace poco participó de una acción en ese sentido: “Uno se da cuenta de que la respuesta es bastante pobre en cuanto a lo que se tiene para decir, porque no se alcanza a hacer una síntesis de la gravedad de la cuestión y por qué el entorno tampoco está demasiado dispuesto a escuchar y a entender una situación que tiene muchas aristas de índole histórica, económica, política, geopolítica. Y en medio de esa dificultad del lenguaje, están también los lenguajes artísticos”.

Un viaje sonoro por la intimidad y la memoria de Jorge Fandermole

Aun así, no reniega del poder emocional de la música, aunque tampoco la idealiza: “La canción y los otros lenguajes artísticos intentan transformar del mismo modo que lo transforma al artista su vínculo con la materia creativa. A partir de la emoción. Ese movimiento interior de alguna forma nos hace un poco más sensibles, un poco más capaces de entender la realidad. Nos clarifica un poco, pero de ninguna manera significa en sí mismo un factor de cambio. Puede ayudar un poquito a mover la consciencia. Pero el arte en sí mismo no provoca cambios. En ese sentido, soy un poco pesimista”.

En este tiempo en que la escucha musical parece guiada por plataformas más que por elecciones personales, Fandermole observa un problema central: la distorsión. “El algoritmo no aporta nada, aporta ruido. Mis alumnos eligen canciones y el algoritmo les dice que su selección los pone en un rango de edad treinta años mayor. Eso es ruido en la información. No tiene ningún sentido, pero ocupa espacio en la atención”.

La sonoridad del disco, despojada, nació tanto de una elección como de una circunstancia. Después de la pandemia, explica, todo se volvió más complejo: tiempos, recursos, posibilidades. “Me di cuenta de que tenía que utilizar los recursos más disponibles. Mi propia disponibilidad decayó. Todo se hizo más lento, más dificultoso. Y un poco eso fue determinante para retomar la condición del solista”.

Un viaje sonoro por la intimidad y la memoria de Jorge Fandermole

Los invitados del disco son apenas dos. Juan Quintero participa en una de las canciones que ambos vienen tocando desde 2015, “Pilar y Juan”: “Era una de las que más le gustaba cantar, además por su vínculo con músicos españoles”. El otro aporte es de Julio Ramírez, acordeón y bandoneón grabados a distancia desde Chaco, para dos piezas con rasgos de rasguido doble y chamamé. “El disco sigue siendo austero, pero esas sonoridades venían muy bien”.

Al hablar de su ciudad, Fandermole evita idealizaciones: “Hay que verla a Rosario desde todas las aristas. Tiene una historia oscura: ciudad de migrantes, ciudad mafiosa en algún sentido”. Pero también una tradición artística excepcional: “No puedo explicar el origen de esa potencia. Hay mucho jazz, mucho tango, mucho rock. Hubo políticas oficiales que ayudaron y después emergentes como Los Gatos o la Trova Rosarina”. Y agrega: “La parte oscura es tan cierta como en otras ciudades. No es exclusivo de Rosario”.

Este año lo encontrará girando con este material. “Las presentaciones hacen centro en estas doce canciones y completamos con poemas, textos y algunas canciones anteriores”. También piensa en lo que quedó afuera del disco: “Tendrían que formar parte de uno nuevo, con la conciencia clara de que no pueden pasar tantos años. La vida no dura tanto”. Ya tiene fechas previstas en Jujuy y Salta para febrero, y planea presentar el disco en Buenos Aires a principios de marzo. “Este repertorio amerita salir a defenderlo. Salir a tocarlo todo lo que se pueda”. «

Fandermole observa Rosario entre luces y sombras, pero con un amor impostergable.

Tiempo y lugar. Jorge Fandermole

1. “Invocación” (milonga).
2. “Guitarra” (rasguido doble).
3. “Río de las ausencias” (chamamé).
4. “Décimas de identidad” (canción).
5. “Mi buen amor” (canción).
6. “Tiempo y lugar” (canción).
7. “Campo Rincón –memoria-” (rasguido doble).
8. “Pilar y Juan” (canción).
9. “Materias y herramientas” (canción).
10. “Padre –elegía-” (canción).
11. “Milonga con cuatro orillas” (milonga).
12. “El amor y la cocina” (canción).



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