De “urgente” califica Maruja Bustamante la puesta de Venado asesino, la adaptación teatral que realizó basada en la novela Veado Assassino, de Santiago Nazarian, y que arrancó hace unas semanas una nueva temporada en el marco de Paraíso Club luego de su estreno en 2025. “Porque no es un texto condescendiente -justifica su afirmación-. Piensa muy ampliamente la cultura, la sociedad, desde su punto de vista de persona también un poco en el margen: él es queer, es de Brasil, de un pueblo. Me parece que está poniendo en duda todo, todo el tiempo, y eso te permite pensar mucho”.
“Cuando leí la novela, es como que iba diciendo: ‘Uy, uy, esto te llena la cabeza de preguntas’; también de algunas respuestas incómodas. Me pareció muy interesante como para salirse un poco de la grieta, ¿no? Buenos y malos, Boca-River. Como para empezar a entender una especie de entramado más complejo”, agrega.

Foto: Nora Lezano / Prensa
La historia de un joven no binario que asesina a un presidente de ultraderecha tiene, en la puesta dirigida por Bustamante, muchas de las problemáticas reconfiguradas al contexto argentino, sin perder las referencias y resonancias que atraviesan fronteras. Interpretada por Lisandro Rodríguez y Max Suen (“buenísimo haber compartido con Lisandro y trabajar con Max Fein, que lo adoro, va a ser un genio”), la obra se mete en la mente del protagonista, donde manda un presente y una sensibilidad preformada mediáticamente en la que abundan el artificio y la crueldad.
“Sí, es un momento difícil para pensar”, asiente ante la pregunta. “Está todo muy polarizado y, además, la posverdad pega demasiado fuerte. La novela y la obra hablan mucho de eso, de qué es la realidad. Y la realidad, bueno, es a lo que cada uno puede acceder. Todo es realidad, dice en un momento, algo así, la obra. Y eso es muy difícil, muy difícil. Es un cambio de paradigma realmente”, señala.

“Yo pensaba todo el tiempo: claro, a principios de siglo siempre se producen los cambios de paradigma, así como hablando en una teoría clásica, y está sucediendo. Yo nunca pensé que iba a vivir, a sentir un cambio de paradigma. Sentirlo en mi cuerpo: que todas las cosas que aprendiste se ponen en duda, que no sabés, que no podés tener una noción de verdad que por lo menos te tranquilice. Porque, además de que no podés elegir, la noción de verdad es muy débil. Entonces eso te oprime un montón”.
La necesidad de que algo calme, alivie un poco, es grande. Incluso parece acrecentarse día a día. “Viste que ahora dicen: ‘Bueno, hay que volver a creer en Dios, hay que buscar una religión, una espiritualidad’. A mí el otro día me dijeron: ‘Maruja, vos tenés que buscarte algo espiritual, que si no el estrés te va a comer’. Me quedé pensando, por ahí sí”.

Foto: Nora Lezano / Prensa
Sin embargo, la convence más el teatro. “Sí, pero también eso da mucha impresión. Yo, que hago teatro hace tantos años, desde tan chica, veo cómo la gente usa la ficción constantemente en todos los ámbitos de la vida. En las redes, obviamente, pero también los políticos, y cada vez más agresivamente. Siempre usaron formalidades de la puesta en escena para sostener, supongo, su envergadura de funcionario. Pero ahora está totalmente exacerbado, es cualquier cosa. Entonces es como que se confunde todo. El otro día, medio en chiste, medio en serio, dije: ‘Bueno, si ellos ahora hacen ficción, nosotros hacemos política’” (risas).
Bullying (acoso, si se prefiere), deseo, identidad sexual, odio social y otros menesteres cotidianos se combinan con referencias pop, humor negro y drama psicológico. Una marca Bustamante, podría decirse, para reflexionar sobre los límites de la soledad, la violencia política y el desencanto social. “Este momento lo siento en el cuerpo porque tengo como una especie de estrés extraño, no sé qué hacer, a veces no sé qué movimientos hacer respecto a todo: a lo laboral, a lo personal”, agrega, sobre su cotidiano, que por más que no esté en la obra tiene una especie de vínculo extraño con ella“.
Trato de no entrar en una confusión extrema, pero hay una especie de confusión. Lo siento.” No está sola en esa desorientación que por momentos puede ser temporoespacial. “No soy la única, porque alguien dice: ‘Bueno, me volví loca’. No, a todos los que me rodean les pasa parecido”. En algunas de sus obras -escritas, dirigidas o adaptadas- a Bustamante le gusta “poner un poco de música y quien se quiere acercar, se acerca”. Dice que, por lo general, lo hacen quienes tienen algo para reprochar o quienes quedaron maravillados con la obra.

Foto: Nora Lezano / Prensa
Con Venado asesino, “la gente se queda muy sorprendida, y hay gente que se angustia”. Entre estas últimas, porque presenciaron algo que “se les desbarató un poco”. Fueron una madre y su hija adolescente las que más llamaron su atención en este sentido.
“La chica estaba fascinada con la obra y la madre me decía: ‘Yo no lo puedo creer, porque ella odia acompañarme al teatro y está fascinada. Y la obra es muy dura’, me dice. ‘No es una pavada como pensaría que le gusta a mi hija, es una obra difícil, angustiosa; también tiene humor, me dice; pero no pensé que podía conmoverse con esta complejidad’. Como debe pasar todo el tiempo, que los subestimamos, decimos: ‘Los adolescentes están en cualquiera, no les importa nada’”.
Bustamante y un teatro que siempre será también político
Es que la actriz, dramaturga y directora se encarga de que sus obras siempre tengan “algo político, tal vez más para el lado feminista, de los cuerpos o de la violencia intrafamiliar, y se me tiene tal vez como alguien pop, que hace cosas muy rápidas, muy consumibles, y ahí también sorprende: ‘¡Oh, mirá lo que hizo Maru, se la tenía guardada!’”.
“Me encanta el ocio”, sorprende ahora en la entrevista la artista, a la que es difícil seguirle la huella por la cantidad de cosas que hace. “Soy una persona que viene de clase media-baja -dice la hija de una costurera y un mozo-. Me hice artista y decidí que quería vivir de eso. Entonces, a veces tengo que hacer cosas porque me dan dinero. Tengo separado dentro mío qué es lo que hago porque lo quiero hacer y forma parte de mi ensayo artístico. Y después está lo otro, el trabajo. Por eso pareciera que no se me puede seguir el hilo, pero hay una línea”.
Venado asesino
Dirección y adaptación: Maruja Bustamante. Actúan: Lisandro Rodríguez, Max Suen. Escenografía e iluminación: Matías Sendón. Diseño de sonido: José Ocampo.
Sábados a las 20, Estudio Los Vidrios, Av. Donado 2348.
