Volvió a escena Nuestro prisma, la obra de Patricia Renó estrenada el año pasado que, precisamente hablando del pasado y su presencia en el presente, produjo un éxito de público y crítica. Todo empezó por “una necesidad de rendirle tributo a una amiga que desapareció en dictadura y a otra amiga mía cuya vida le fue hostil”, cuenta Renó. Tributo que, sin decirlo, es también un reconocimiento a ella misma: “De pequeñas, estas tres preadolescentes hacen un pacto de amistad eterno. Esos pactos de amistad que nunca se iban a mover por nada, donde se iban a ver todos los días de su vida, siempre. Y bueno, por estas cosas de la vida y de cómo se interpone, el cumplimiento de las promesas era algo que tenía siempre como pendiente”.
Ese tiempo que la vida, a su manera, había dejado en el olvido reapareció en pandemia. “Aunque no creas, me volvió como una cosa brutal, que era esto de no saber qué va a pasar mañana, no saber con cuántos te vas a decir buen día, no saber si vos vas a ser uno más, uno menos. Y quise volver sobre aquellas preguntas: ¿qué éramos?, ¿qué creíamos que íbamos a hacer?, ¿qué hicimos con la vida, con lo que la vida nos hizo? Fue casi una promesa que le hice a esta amiga que venía con su diario a develar también cuestiones de la niñez. Porque en la niñez uno —y este es el prisma— se ve a sí mismo de una manera, ve al resto de otra, y el pasto siempre es más verde en la casa del vecino”.
Olga, que “tiene el 1450 en el registro de la CONADEP”, es la amiga desaparecida. “En la dictadura le pasó lo que nos pasó a muchísimas personas que tuvimos esta injusticia de sufrir que se nos llevaban de al lado a tantos. Porque, aunque no hayan llevado a su familia, su familia murió en muy pocos años de dolor, de tristeza, de incertezas”.

Y siendo Nuestro prisma una historia de mujeres, ¿la dirige un varón? “Está dirigida magistralmente por un hombre maravilloso, único, te diría, respetuoso”, casi arremete. Y explica: “A través de una de mis hermanas, que conocía mucho lo que él hacía, le llevé el texto. Al verlo me dijo: son muchos monólogos con muy pocas interacciones. Y me dijo: pero ¿esto cómo lo hago? Así que lo esperé dos años. Yo sabía que lo iba a hacer bien y lo esperé. Y no me equivoqué nunca, al contrario. Llenó el texto de emocionalidad, de acciones, creó momentos mágicos entre las adolescentes y las adultas. Te puedo asegurar que hizo algo de lo que no puedo estar más orgullosa de haber escrito y de haber entregado esas líneas a esta persona y a estas titánicas actrices. Rubén le aportó todo lo que puede aportar alguien, como cualquier ser humano, desde el lugar donde le toque vivir, le guste vivir y elija vivir. Me parece que es una combinación divina”.
“Mágica”, define la recepción de público en 2025. “Todo es mágico para mí”, dice sin pudor ni culpa. “Maravilloso y fabuloso. Si yo te digo prisma, seguro se te viene a la mente esa figura que, según desde dónde la mires, refleja las luces y las formas de manera distinta. Y eso pasa con la obra. Es cómo cada uno se ve y ve al resto del mundo. Y después, cuando nosotros mirábamos a los espectadores, después de que se apagaba todo, después de los aplausos, cuando nos bajábamos del escenario —porque el director tan amorosamente me hacía subir también con él y también a una de las protagonistas de la historia, que ha venido desde Posadas, donde vive, se llama Georgia—; bueno, cuando nosotros bajábamos del escenario, la gente venía con un abrazo y con sus caritas emocionadas, algunos lagrimeando. Hombres, mujeres, jóvenes, grandes. Todos en algún punto se sentían conmovidos e interpelados y te empezaban a contar por qué. Al final terminábamos siendo los espectadores de nuestros espectadores: las historias que te contaban, las cosas que te arrimaban, las sensaciones que despertaba la obra. Una sensación de plenitud que te da”.
Suele decirse que las estrellas brillan en la más absoluta oscuridad. En tiempos aciagos —como el de la dictadura, uno de los más duros de nuestra historia— hubo luces que indicaron el camino. “En la necesidad de rendir tributos se esconde eso. La necesidad de darle luminosidad a una vida. Esta persona que desaparece, querés que no sea un número, que no sea un caso; vos querés que sea la misma persona que somos todos. Que ya no está, pero que la gente sepa que no era un número, que era una vida, que tenía una familia, sueños, una armonía, ganas de vivir. A mí me parece que hay que ponerles piel, hay que ponerles historia, carne. Desde un lugar oscurísimo pudo haber luz, pudo brillar en lo que dejó en los otros. Creo que es casi obligatorio contar la historia de las que no pudieron. A mí cada vez que viene alguien y su nombre se repite… casi que me voy a poner a llorar ahora. Si su nombre se repite, escuchar el nombre de mis amigas y que de esas oscuridades aparezca esta luz. Eso realmente me pone bien. Me gusta aportar a la memoria colectiva”.
Nuestro prisma
Segunda temporada. Puesta en escena y Dirección General: Rubén Hernández Miranda. Dramaturgia: Patricia Renó. Elenco: Agostina Cardozo, Sandra García, Nina Gianuzzi, Guadalupe Mesples, Elena Ventura. Sábados a las 20:30 en Tercer Acto, Av. de Mayo 1158 (CABA).
